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“Me volví una descarada”: la historia de Aura Ortega

“Hola, me llamo Aura Ortega y tengo un tercio de mi vida siendo una descarada.

Es increíble cómo esos niveles de descaro me han ayudado a sobrevivir en un mundo que, por regla, había sido diseñado para flacos.

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Foto: @isabelaredman

Nací hace 30 años en Maracaibo, Venezuela. Un lugar que cuando eres niño y dejas tu plato limpio es digno de contar como una hazaña que te sube el score entre los grandes.

Exacto, cuando eres niño.

Basta crecer un poco para que esos mismos “aplaudidores” de oficio suelten su mejor artillería de insultos camuflados de chistes, de verdades que nadie pidió. De comentarios que hieren y se quedan suspendidos en la sala por la complicidad tácita de la ignorancia.

El silencio de mis protectores naturales me dañaba. Pero, así como digo que el mundo fue creado para los flacos, no fue hecho para los débiles. Tenía dos opciones: seguir siendo Aura, la adolescente que rompía a llorar enterrada en la almohada por aquellos comentarios hirientes o crear mi propio lugar en este mundo.

Escogí lo segundo. Me volví la descarada Ruby.

La historia de cómo sucedió claro que incluye la famosa novela, donde la  protagonista no se conformaba con nada. Pero también se lo debo a que mi segundo nombre es Ruby y una noche reunida con amigos ellos me bautizaron así.

Nunca pensé que un seudónimo tuviera tanto poder.

Iba soltando a la chica indeseable del espejo, a la chama de los complejos, para llenarme de descaro y seguridad. Aunque mis dosis de veneno no se acercan a las de la Rubí original, fueron suficientes para reconocerme y quererme.

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Foto: @corsovisual

Cuando las elecciones de 2017 pintaron el mapa de rojo, entendí, como muchos otros, que era momento de irme. Vivir y trabajar en Venezuela se condicionaba a las horas de penumbra y la intermitencia de algo tan básico como el internet.

Literalmente, tenías que rezar para terminar una jornada en sana normalidad. De lo contrario, liberabas las frustraciones puteando al universo y a los autores de nuestra desgracia perenne.

Me llevé mi talento en el diseño y el descaro a Medellín. Un lugar desconocido que ha sido un bálsamo en mi proceso, me ha aliviado aquellas frustraciones, me ha puesto a prueba, me ha regalado oportunidades, amores efímeros y amigos permanentes.

El descaro a veces está ausente, las estrías me saludan y peleo con ellas. Pero luego entiendo que ellas no son una característica exclusiva de Aura, que han nacido en muchos cuerpos por muchas razones: pueden ser el sello de un nacimiento, de un cambio inesperado e incluso amargan la vida de muchos los flacos.

Mis autocríticas físicas se fueron diluyendo con el paso del tiempo, aunque las externas sigan llegando de vez en cuando de cobardes sin rostro. Pero para eso está el descaro, para diluirlas también y seguir de largo.

Aunque nunca fui la reina del colegio, desde hace rato me puse mi propia corona. Agarré lo mejor de Gabi Fresh y Ashley Graham, sin descartar la fabulosidad de Gisele y Tyra. Espero que mi descaro me lleve a hermosos lugares; Nueva York, quizás Italia, pero siempre descarada”.

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@ladescaradaruby

Un placer conocerte, Aura.

Jennifer Marrugo

@VISUALECTORES

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